El 11 de septiembre será por siempre una fecha muy, pero muy sensible para muchos chilenos. Sea por motivos directos o por comprensión de que lo ocurrido en 1973 no debe volver a ocurrir jamás, dada la violenta y macabra violación de todos los valores éticos, civiles, ciudadanos y republicanos por parte de una derecha política y económica voraz y unas Fuerzas Armadas cobardes, muchos entendemos que en este día las acciones y las palabras hay que cuidarlas y generarlas con el mayor respeto posible. Con el máximo respeto posible.
Es por eso que esta tarde me sorprendieron mucho las expresiones del ministro de defensa, Andrés Allamand, quien dio un reporte sobre la jornada de búsqueda de los cuerpos desaparecidos después del accidente aéreo en Juan Fernández. Allamand declaró practicamente en cadena nacional, y a la misma hora que una emotiva velatón ocurría en el Estado Nacional, en la que decenas de personas recordaban a los desaparecidos a partir de un día como hoy hace 38 años en manos de las FF.AA., desaparecidos sobre los cuales jamás las FF.AA. han dado la más mínima información sobre su paradero. Las palabras de Allamand fueron las siguientes:
“Estoy seguro que los verdaderos protagonistas de esta operación no somos nosotros, sino que son los más de 600 miembros de nuestras FF.AA. que han estado en esta operación, que son los que realmente merecen el reconocimiento por aquello que se ha hecho. Estoy seguro que todos los chilenos queremos que esta tragedia nos sirva. Y yo pienso que ya nos ha servido. Nos ha servido para que los chilenos aprecien las FF.AA. que tienen, su capacidad, su profesionalismo, su compromiso, la capacidad enorme que tienen de operar en forma conjunta. También, para algo que creo que dijo de la mejor manera Mauricio Correa, el director del programa Buenos Días a Todos. El dijo que quería que esta tragedia sirviera para que el valor de la solidaridad se expresara mejor en nuestro país. Bueno, ya se ha expresado. Aquí ha habido solidaridad en la gente de las FF.AA. que está cumpliendo su deber, pero que le ha puesto a esto todo su corazón (…) Y por último, yo creo que aquí también ha habido una gran lección de unidad. Aquí han trabajado juntos, y lo vamos a seguir haciendo, civiles y militares (…) Todos nos hemos juntado y todos nos hemos unido, por lo tanto esta tragedia que tan fuerte nos ha golpeado yo creo que nos va a servir para que apreciemos las FF.AA. que tenemos, para que hagamos de Chile un país más solidario y para que hagamos de Chile un país más unido”
Por supuesto, el ministro se refería a los rescates que la armada, la fuerza aérea y el ejército realizan en Juan Fernández, rescate que está dentro de sus misiones propias en tiempos de paz y, se supone, para las cuales Chile ha invertido (gastado, digo yo) millonarias sumas de dinero, en desmedro del aporte fiscal a otras áreas del Estado chileno.
Ese marco coyuntural no quita que las palabras de Allamand sean, sobre todo, políticas, en el mal sentido de la palabra. Ya el gobierno venía con un discurso de “unidad nacional” muy mañoso, dada la crisis de representatividad en la que estamos y el despertar de las demandas sociales; Allamand se había mantenido al margen, aparente, de esa estrategia, pero este 11 de septiembre demostró el animal político que es. Solo se puede catalogar de macabro que en una fecha como esta, con más de 1200 desaparecidos en el país, el civil que debe posicionarse sobre las FF.AA. y debería exigirles la información que jamás han querido revelar, aparezca como un discurso como el antes citado. A la misma hora de la velatón en el Estadio Nacional.
El discurso en sí se organiza con un juego de equilibrio constante entre la razón y la emoción. La razón está dada por la posición de hombre de Estado de Allamand, marcada en los constantes “yo creo”, “estoy seguro” y “yo pienso” que emite durante su locución. La emoción, por los numerosos cualificativos y cuantificadores que emite, con claro fin hiperbólico:
- verdaderos protagonistas
- realmente merecen el reconocimiento
- la capacidad enorme de operar en conjunto (bueno, esto ya lo habían demostrado en 1973)
- todo su corazón
- una gran lección de unidad
- todos nos hemos juntado
- todos nos hemos unido
- un país más solidario
- un país más unido
La unión entre estos campos de convicción racional y emocional está dada por la selección de nominales que vendrían a funcionar como los pronombres de las FF.AA.:
- protagonistas (¿¿y los pescadores del Archipiélago, no??)
- reconomiento
- capacidad
- profesionalismo
- compromiso
- solidaridad
- corazón
- lección de unidad
Los recursos movilizados por Allamand no son ninguna novedad en el plano de los discursos ideológicos, pero nunca hay que cansarse de deconstruirlos para mostrar lo que hay detrás. En este caso, insisto, discurso emitido un 11 de septiembre, la función de tal juego entre racionalidad y emoción es claramente la de funcionar como contrapartida ante el dolor ylas reivindicaciones propias de la fecha, aprovechándose del marco de dolor permanente (y proyectado en el tiempo) que el Gobierno y los medios han generado a propósito de la catástrofe en Juan Fernández.
Es al menos irritante que el discurso un 11 de septiembre sea que las FF.AA. son “solidarias” y que han puesto “todo su corazón” en un labor que les corresponde realizar y que involucra, cruel ironía del destino, la búsqueda de cuerpos desaparecidos en el mar. Solo que no los desparecidos que ellos mismos mandaron al fondo del Pacífico, sino los de un accidente que ha pasado como heroico, pero que quizás esconde más de algún error institucional por parte del Estado.
El hombre civil que está por sobre el ejército, la armada y la fuerza área de todos los chilenos debería guardarse tal prodigiosas palabras para otra fecha del año, o para el momento en que, dada su orden, al fin los militares involucrado demuestren que tienen corazón humano y entreguen la información sobre el paradero de los detenidos desaparecidos. Ahí todos los chilenos sí diremos que hubo un gesto de humildad y humanidad en nuestras FF.AA. Hasta entonces, pedir el reconocimiento es solo un juego discursivo de mala política y de cruel solidaridad.


