christian peñaloza castillo

ALLAMAND, UN 11 DE SEPTIEMBRE: “APRECIEMOS LAS FF.AA. QUE TENEMOS”

In Uncategorized on 12 septiembre 2011 at 12:41 AM

El 11 de septiembre será por siempre una fecha muy, pero muy sensible para muchos chilenos. Sea por motivos directos o por comprensión de que lo ocurrido en 1973 no debe volver a ocurrir jamás, dada la violenta y macabra violación de todos los valores éticos, civiles, ciudadanos y republicanos por parte de una derecha política y económica voraz y unas Fuerzas Armadas cobardes, muchos entendemos que en este día las acciones y las palabras hay que cuidarlas y generarlas con el mayor respeto posible. Con el máximo respeto posible.

Es por eso que esta tarde me sorprendieron mucho las expresiones del ministro de defensa, Andrés Allamand, quien dio un reporte sobre la jornada de búsqueda de los cuerpos desaparecidos después del accidente aéreo en Juan Fernández. Allamand declaró practicamente en cadena nacional, y a la misma hora que una emotiva velatón ocurría en el Estado Nacional, en la que decenas de personas recordaban a los desaparecidos a partir de un día como hoy hace 38 años en manos de las FF.AA., desaparecidos sobre los cuales jamás las FF.AA. han dado la más mínima información sobre su paradero. Las palabras de Allamand fueron las siguientes:

“Estoy seguro que los verdaderos protagonistas de esta operación no somos nosotros, sino que son los más de 600 miembros de nuestras FF.AA. que han estado en esta operación, que son los que realmente merecen el reconocimiento por aquello que se ha hecho. Estoy seguro que todos los chilenos queremos que esta tragedia nos sirva. Y yo pienso que ya nos ha servido. Nos ha servido para que los chilenos aprecien las FF.AA. que tienen, su capacidad, su profesionalismo,  su compromiso, la capacidad enorme que tienen de operar en forma conjunta. También, para algo que creo que dijo de la mejor manera Mauricio Correa, el director del programa Buenos Días a Todos. El dijo que quería que esta tragedia sirviera para que el valor de la solidaridad se expresara mejor en nuestro país. Bueno, ya se ha expresado. Aquí ha habido solidaridad en la gente de las FF.AA. que está cumpliendo su deber, pero que le ha puesto a esto todo su corazón (…) Y por último, yo creo que aquí también ha habido una gran lección de unidad. Aquí han trabajado juntos, y lo vamos a seguir haciendo, civiles y militares (…) Todos nos hemos juntado y todos nos hemos unido, por lo tanto esta tragedia que tan fuerte nos ha golpeado yo creo que nos va a servir para que apreciemos las FF.AA. que tenemos, para que hagamos de Chile un país más solidario y para que hagamos de Chile un país más unido”

Por supuesto, el ministro se refería a los rescates que la armada, la fuerza aérea y el ejército realizan en Juan Fernández, rescate que está dentro de sus misiones propias en tiempos de paz y, se supone, para las cuales Chile ha invertido (gastado, digo yo) millonarias sumas de dinero, en desmedro del aporte fiscal a otras áreas del Estado chileno.

Ese marco coyuntural no quita que las palabras de Allamand sean, sobre todo, políticas, en el mal sentido de la palabra. Ya el gobierno venía con un discurso de “unidad nacional” muy mañoso, dada la crisis de representatividad en la que estamos y el despertar de las demandas sociales; Allamand se había mantenido al margen, aparente, de esa estrategia, pero este 11 de septiembre demostró el animal político que es. Solo se puede catalogar de macabro que en una fecha como esta, con más de 1200 desaparecidos en el país, el civil que debe posicionarse sobre las FF.AA. y debería exigirles la información que jamás han querido revelar, aparezca como un discurso como el antes citado. A la misma hora de la velatón en el Estadio Nacional.

El discurso en sí se organiza con un juego de equilibrio constante entre la razón y la emoción. La razón está dada por la posición de hombre de Estado de Allamand, marcada en los constantes “yo creo”, “estoy seguro” y “yo pienso” que emite durante su locución. La emoción, por los numerosos cualificativos y cuantificadores que emite, con claro fin hiperbólico:

- verdaderos protagonistas

- realmente merecen el reconocimiento

- la capacidad enorme de operar en conjunto (bueno, esto ya lo habían demostrado en 1973)

- todo su corazón

- una gran lección de unidad

- todos nos hemos juntado

- todos nos hemos unido

- un país más solidario

- un país más unido

La unión entre estos campos de convicción racional y emocional está dada por la selección de nominales que vendrían a funcionar como los pronombres de las FF.AA.:

- protagonistas (¿¿y los pescadores del Archipiélago, no??)

- reconomiento

- capacidad

- profesionalismo

- compromiso

- solidaridad

- corazón

- lección de unidad

Los recursos movilizados por Allamand no son ninguna novedad en el plano de los discursos ideológicos, pero nunca hay que cansarse de deconstruirlos para mostrar lo que hay detrás. En este caso, insisto, discurso emitido un 11 de septiembre, la función de tal juego entre racionalidad y emoción es claramente la de funcionar como contrapartida ante el dolor ylas reivindicaciones propias de la fecha, aprovechándose del marco de dolor permanente (y proyectado en el tiempo) que el Gobierno y los medios han generado a propósito de la catástrofe en Juan Fernández.

Es al menos irritante que el discurso un 11 de septiembre sea que las FF.AA. son “solidarias” y que han puesto “todo su corazón” en un labor que les corresponde realizar y que involucra, cruel ironía del destino, la búsqueda de cuerpos desaparecidos en el mar. Solo que no los desparecidos que ellos mismos mandaron al fondo del Pacífico, sino los de un accidente que ha pasado como heroico, pero que quizás esconde más de algún error institucional por parte del Estado.

El hombre civil que está por sobre el ejército, la armada y la fuerza área de todos los chilenos debería guardarse tal prodigiosas palabras para otra fecha del año, o para el momento en que, dada su orden, al fin los militares involucrado demuestren que tienen corazón humano y entreguen la información sobre el paradero de los detenidos desaparecidos. Ahí todos los chilenos sí diremos que hubo un gesto de humildad y humanidad en nuestras FF.AA. Hasta entonces, pedir el reconocimiento es solo un juego discursivo de mala política y de cruel solidaridad.

LOS DOS FELIPES Y LA CUESTIÓN EDUCACIONAL (II PARTE)

In discursos, educación, Felipe Camiroaga, Felipe Cubillos on 7 septiembre 2011 at 12:46 AM

El testamento político de Felipe Cubillo (porque eso es, un texto político e ideológico, circunstancialmente convertido en testamento), por su parte, ha sido profusamente publicado por la prensa derechistas, incluso a través de un polémico inserto a toda página en El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias y La Tercera, sin firma, sin antecedentes de quén había pagado tal millonada por republicarlo, y con todo el aire, entonces, de editorial disfrazada y coludida entre los dos colosos periodísticos. Veamos qué decía su última columna:

Felipe Cubillo: Soy un indignado
La Segunda, martes 30 de agosto de 2011
Fuente: Desafío Levantemos Chile

Pertenezco a ese grupo de chilenos que después del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 nos hemos dedicado a ayudar a levantar escuelas, jardines infantiles, botes de pescadores y comercios que fueron destruidos por la fuerza de la naturaleza. Hemos sido miles los que hemos dedicado nuestro mejor esfuerzo, nuestra pasión y nuestro compromiso en ayudar a volver a levantar a Chile. Lo hicimos desde la alegría y desde nuestra libertad.

Muchos lo hicimos donando a Teletón, Desafío Levantemos Chile, al Techo para Chile y a muchas organizaciones de la sociedad civil. Miles de jóvenes se volcaron a ayudar a miles de familias chilenas, y nos conmovimos con el sufrimiento, pero sobre todo nos cautivamos con el compromiso de tantos por reconstruir nuestra sociedad. Sabemos que todavía nos queda mucho por hacer.

Soy un indignado, porque trabajamos sin descanso para que ningún niño chileno perdiera su año escolar en 2010 y, junto a mucha gente, lo logramos. Pero, un año después, vemos que miles de nuestros jóvenes están a punto de perderlo.

Soy un indignado, porque logramos levantar escuelas caídas para que nuestros niños pudieran estudiar, pero, un año después, otros las queman.

Soy un indignado, porque trabajamos sin descanso para levantar los pequeños comercios devastados por el terremoto y tsunami para que los emprendedores se volvieran a levantar; pero, un año después, veo a cientos de comerciantes como ellos que sufren los destrozos de sus locales cada vez que hay una protesta callejera.

Soy un indignado, porque un joven inocente ha perdido su vida tan sólo por haber estado en el lugar y momento equivocados (mientras escribo esta columna nos acabamos de enterar de que la bala que mató al joven Manuel Gutiérrez salió del arma de un carabinero; ojalá tengamos la mesura para condenar un hecho puntual y no a una institución completa, pues si es así escalemos también hasta los organizadores de las protestas).

Soy un indignado, porque vimos cómo nuestros carabineros evitaban los saqueos en los días posteriores al terremoto, y ahora vemos cómo delincuentes, escondidos entre los estudiantes, los atacan sin piedad en cada protesta.

Soy un indignado porque, pese a todos los problemas que tenemos como sociedad, hemos tenido avances notables en las últimas décadas, y hoy nadie se atreve a reconocer su paternidad o maternidad.

Soy un indignado por esos pseudoempresarios que engañan a la gente, sobre todo a los más pobres, renegociándoles sus condiciones sin ni siquiera preguntarles.

Soy un indignado, porque conozco a muchos emprendedores de la educación subvencionada que, precisamente por hacerlo mejor que los colegios estatales (sí, los municipales, también son estatales), hoy día corren el riesgo de tener que cerrar sus colegios.

Soy un indignado, porque muchos de los parlamentarios de nuestro país han renunciado al liderazgo y responsabilidad que les otorgamos en las urnas.

Soy un indignado cuando veo al presidente del Colegio de Profesores defendiendo una supuesta calidad de la educación, cuando el gremio que preside se niega a evaluarse.

Soy un indignado, porque no estamos discutiendo las verdaderas y profundas razones de la pésima y desigual educación que les estamos entregando a nuestros jóvenes, quizás porque llevamos años usando a la educación como caballito de batalla de la política de turno.

Soy un indignado porque, salvo honrosas excepciones, hemos caído en la política de las encuestas y el Twitter, y hemos renunciado a defender las convicciones. ¿Qué tal si los políticos apagaran por unos días sus computadores y se dedicaran a defender sus convicciones?

Hoy día hablo por mí, y sólo por mí, porque además creo que no somos muchos los que en estos tiempos creemos en la libertad; sí, esa libertad para emprender, para equivocarse, para educar, para enseñar y para aprender.

Soy un convencido de que la derrota de la libertad no se debe a la fuerza de sus enemigos, sino que a la debilidad de sus defensores.

 

Como se ve, la extensa columna está organizada como manifiesto. Manifiesto variopinto, en el cual Cubillos se pasea por una serie de temas, unas más coyunturales que otras, pero que en suma dan cuenta de su perspectiva sobre el presente nacional. Esta organización se vuelve evidentemente persuasiva al obervar la estructura reiterativa que da cohesión al texto. Un texto, diríamos, para ser leído ante una multitud, más que pa ser leído en el silencio y la soledad.

El intertexto también es bastante obvio y conocido: el otro manifiesto, “Indígnate”, tan popular este 2011 por servir, supuestamente, de sustento moral para las manifestaciones populares europeas (sobre todo, las españolas). La indignación europea es coyuntural y estructural a la vez. La de Cubillos, es solo coyuntural. Ahí comienzan las diferencias.

El discurso visible de Cubillos se centra en una defensa del filantropismo como modelo de vida y de progreso social (si al menos en eso hubiera más empresarios que lo siguieran). Me centraré solo en sus menciones al tema educacional, para no eternizar este comentario. En este plano, Cubillos indica que su papel ha consistido en

- trabajar “sin descanso, para que ningún niño perdiera su año escolar en 2010″

- “levantar escuelas caídas para que nuestros niños pudieran estudiar”

Y asume que ese rol (no cumplido por el Estado) nace de un principio básico (y no, justamente, de un abandono de deberes del Estado): la libertad. ¡Qué palabra tan manoseada en el Chile de los últimos años! Ahí está el corazón ideológico de Cubillos, puesto en lugares estratégicos del primer y de los últimos párrafos:

- “nos hemos dedicado a ayudar a levantar escuelas, jardines infantiles, botes de pescadores (…) Lo hicimos desde la alegría y desde nuestra libertad”

- “no somos muchos los que en estos tiempos creemos en la libertad; sí, esa libertad para emprender, para equivocarse, para educar, para enseñar y para aprender

- “la derrota de la libertad no se debe a la fuerza de sus enemigos, sino que a la debilidad de sus defensores”.

Esta derrota de la libertad está dada, principalmente, por el movimiento estudiantil que ha luchado todo el 2011 por Educación Pública de Calidad. Este movimiento está aludido constantemente en su discurso, sin embargo nunca es nombrado. Solo hay referencias, ironías casi, sin que Cubillos se atreva, en la mayoría de los casos, a describir a este enemigo de la libertad.

- miles de jóvenes están a punto de perder el año

- otros queman escuelas caídas en el terremoto (y levantadas por él)

-  en las protestas callejeras se destroza el comercio y se ataca “sin piedad” a carabineros (aunque cuando debe asumir que un carabinero dio muerte a un adolescente, pide que, en este caso, no se generalice la situación)

- “muchos emprendedores de la educación subvencionada (…), precisamente por hacerlo mejor que los colegios estatales (…) hoy día corren el riesgo de tener que cerrar sus colegios”

- Colegio de Profesores que se niega a evaluarse.

Libertad versus caos social, lumpen y delincuencia (aludiendo, insisto, al movimiento social y estudiantil). Es curioso, al menos, que en el único párrafo donde Cubillos se anima a ser un poco más explícito, ocupe una falacia tan grande y burda como es la de indicar que los colegios subvencionados corren el riesgo de tener que cerrar ¡por hacerlo mejor que los estatales! Es la libertad versus la conspiración y la envidia (y aquí valga recordar esa inaudita columna de opinión, también aparecido en un diario del duopolio, en que el movimiento estudiantil se explicaba a partir de la envidia social hacia las personas ricas).

Cubillos no quiere ser explícito, en cambio, cuando indica que “no estamos discutiendo las verdaderas y profundas razones de la pésima y desigual educación que les estamos entregando a nuestros jóvenes”. Lo irritante del asunto en este punto es que

- no señala cuáles serían esas verdaderas y profundas razones (¿falta aún de mayor libertad?)

- desconoce que si algo ha intentado instalar el movimiento es una discusión verdadera y profunda sobre los motivos de la desigualdad educacional y social en el país. ¿Qué lleva a Cubillos a desconocer este esencial cariz del movimiento social y a solo potenciar el perfil delictivo que intenta achacarle?  ¿Estas verdaderas y profundas razones a las que hace mención consideran, justamente, como punto de inicio una revisión seria del concepto de libertad que tanto glorifica (¡entre tanta cosa que hay que revisar!)?

¿Por qué Cubillos dice tan sueltamente que los colegios municipales son peores que los subvencionados (juicio, por lo demás, desestimado por varios informes de expertos) y no se cuestiona la aberración que esa afirmación implica?

El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es un modelo atrofiado, en el que solo hay filántropos (libres de escoger serlos) y delincuentes protestantes dispuestos a destruir cualquier atisbo de emprendimiento (privado). El modelo de país que está en la tinta de Cubillos desprecia al Estado y la actividad política (en eso recuerda el desprecio pinochetista, que es un desprecio muy distinto al del movimiento social). El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es bicromático, con dos tipos de chilenos: los con superioridad moral y los demás, denostados sin tapujo. El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es numérico y sin contenido, solo se basa en colegios reconstruidos y porcentaje de estudiantes. En la cobertura muere su discusión sobre educación. No tiene personas, ciudadanía, derechos civiles ni posibilidad de disidencia.

Se rescata la figura de Cubillos por decidir, en la madurez de su vida, gastar parte de su dinero en construir colegios y ayudar en la reconstrucción de un país azotado por el terremoto y por un Estado indolente. Era su heredada plata y no tenía por qué capitalizarla en caridad social. Ese era su valor, pero ese era su lugar ideológico desde el que veía y pensaba Chile. Y eso debe quedar claro, sobre todo en tiempos en que los medios lo alzan como modelo a seguir y como héroe de la patria.

Camiroaga y Cubillos seguramente potenciaban de buena manera sus visiones sobre Educación. De seguro uno aprendía del otro y vice versa. Pero no era la misma visión, en absoluto. Frente a la cobardía discursiva de los medios por aclararlo, hay que insistir en eso hasta el cansancio. Y ponerse a discutir y dialogar.

 

 

 

LOS DOS FELIPE Y LA CUESTIÓN EDUCACIONAL (I PARTE)

In discursos, educación, Felipe Camiroaga, Felipe Cubillos, manifestaciones on 5 septiembre 2011 at 12:40 AM

El Mercurio, en la portada de su edición de este domingo 04 de septiembre de 2011, destacaba con letras cursivas un fragmento de un escrito de Felipe Cubillo: “Soy un indignado, porque trabajamos sin descanso para que ningún niño chileno perdiera su año escolar 2010 y, junto a mucha gente, lo logramos. Pero, un año después, vemos que miles de nuestros jóvenes están a punto de perderlo”. Esta portada apareció solo horas después de que el ministro Allamand señalara que no habría sobrevivientes del accidente aéreo en Juan Fernández, accidente en que el señor Cubillo perdió su vida, y horas después de la trascendental reunión entre el presidente Sebastián Piñera y los estudiantes movilizados por Educación Pública transversal, gratuita y de calidad. El Mercurio, entonces, entiendo, se la jugó por focalizar el legado de Felipe Cubillos en el plano educacional, dada la coyuntura nacional que estamos viviendo, y, de paso, aprovecha de editorializar su propia postura frente al conflicto estudiantil a través de las palabras de fallecido empresario.

Lo cierto es que en ese vuelo no iba un solo Felipe, como sabemos, ni iba una sola visión sobre el modelo de educación del país. Cubillos y Camiroaga habían planteado con anterioridad a su fatídico viaje sus convicciones personales en relación al tema y, vistas sus posturas intelectuales con calma, podríamos decir que estaban más bien en veredas opuestas. Quizás lo más simbólico de lo que pasaba ese viernes en ese avión es que estas dos visiones antagónicas iban juntas, aparentemente dialogando, con el fin de aportar a Juan Fernández mejores condiciones de vida (que las que el Estado les está asegurando). Veo muy interesante, entonces, revisar en profundidad los discursos sobre la cuestión educacional que les conocimos a estos dos Felipe.

Felipe Camiroaga

Julio de 2011, videograbación de apoyo al movimiento estudiantil

Hola, Soy Felipe Camiroaga y quiero aprovechar esta instancia para dar todo mi apoyo desde mi cabeza, desde mi corazón, desde mi alma, a los estudiantes chilenos. Creo que han dado una lucha impecable, creativa, sensible, tremendamente valiente que, de verdad, como chileno, me siento con un orgullo gigante. Creo que la educación no puede ser un negocio para nadie y también creo que la educación es lo que cambia este mundo de raíz. Creo que pueden lograr un cambio histórico, un cambio tremendamente necesario y que paradójicamente no nace de los que tiene que nacer, de la autoridad, sino que nace de ustedes. Así que de corazón mi apoyo a los estudiantes chilenos.

A muchos comentaristas de las expresiones de Camiroaga les ha llamado la atención que, detrás del animador televisivo de matinales, hubiera un personaje público que de vez en cuando se la jugara por manifestar con meridiana claridad su postura sobre los temas nacionales, conducta claramente atípica en el medio en que se desenvolvió. Desde mi perspectiva, hemos naturalizado absurdamente esa situación, de modo que el posicionamiento de Camiroaga sorprendía a varios, cuando en realidad lo que no deberíamos considerar ni normal ni obvio es que los persoanjes televisivos no tuvieran una opinión política informada y seria sobre el país.

En este mensaje en particular, Camiroaga expresa con una notable economía de recursos mensajes directos que le hacen mucho sentido al movimiento estudiantil. Destaco, por ejemplo, dos expresiones altamente ideológicas, pero que en su discurso suenan a amables consignas televisivas:

1. La educación no puede ser un negocio para nadie

2. Pueden lograr un cambio histórico, un cambio tremendamente necesario y que paradójicamente no nace de los que tiene que nacer, de la autoridad, sino que nace de ustedes.

Si la primera expresión aún podríamos considerarla una frase para la galería (otro tema sería ver el grado de compromiso y convicción profunda que una definición anti lucro significaba para Camiroaga), la segunda me parece completamente novedosa desde la perspectiva de un comunicador social: ahí hay un sutil llamado a la desobediencia civil. Es decir, las palabras de Camiroaga no solo son un apoyo, sino un aleonamiento: de este gobierno, de estas autoridades, no esperen nada. Es significativo que segundos antes haya manifestado no solo la simpatía hacia los estudiantes sino la admiración (“siento un orgullo gigante”). ¡Qué común ha sido este discurso al dicho por tantos de nosotros y de generaciones anteriores que ven en estos estudiantes el reflejo de lo que no nos atrevimos a hacer! Hay algo raro en eso, algo sobre cómo los “adultos post-30″ estamos valorando el movimiento actual desde el reconocimiento implícito de que nosotros no tuvimos ni el cuarto de valentía ni lucidez de la generación  actual y proyectamos ese sentimiento en “orgullo” por los jóvenes y adolescentes de ahora.

Lo otro que llama discursivamente la atención del mensaje de Felipe Camiroaga es su alta modalización a través del “creo”. Si hago el ejercicio de modificar esa constante marcación de su discurso como una impresión intelectual personal, y no como una certeza, podríamos tener:

Quiero aprovechar esta instancia para dar todo mi apoyo desde mi cabeza, desde mi corazón, desde mi alma, a los estudiantes chilenos. Han dado una lucha impecable, creativa, sensible, tremendamente valiente que, de verdad, como chileno, me siento con un orgullo gigante. La educación no puede ser un negocio para nadie y la educación es lo que cambia este mundo de raíz. Pueden lograr un cambio histórico, un cambio tremendamente necesario y que paradójicamente no nace de los que tiene que nacer, de la autoridad, sino que nace de ustedes.

No es el contenido lo que cambia al sacar todos los “creo”: es la proyección de una seguridad o de una verdad que se asume solo personal. La presencia de tanto “yo creo” quizás sea un signo del discurso timorato más propio de nosotros, generaciones mayores por años impávidas, inherentemente transicionalistas. Sería un buen ejercicio revisar cómo andan las modalizaciones en Giogio Jackson, Camila Vallejo, Francisco Figueroa: podría apostar que este tipo de estrategia aparece mucho menos en sus discursos, a favor de enunciados derechamente asertivos. ¡Son las nuevas generaciones discursivas del país!

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