lo sucedido en la cooperativa no fue exactamente una reflexión pensada y preparada sobre el lenguaje, sino que surgió, con aparente espontaneidad, en una conversación entre paula molina y polo ramírez en el programa “lo que queda del día” del martes 15 de diciembre de 2009
todo iba normal, como todas las tardes. la voz entusiasta y simpática de paula molina nos invitaba a participar en el “quien llama paga”, cuando, de pronto, no puede emitir de la mejor manera la palabra “también” porque un “a través” dicho un par de palabras antes le produjo una mala pasada. nada del otro mundo, insisto. menos para el señor polo ramírez, que lo ve como una perfecta instancia para lanzar su batería de comentarios lenguajosos, algunos enmarcados en el siempre buen consejero sentido común, otros derechamente llenos de prejuicios lingüísticos, lamentablemente, muy irreflexivos y naturalizados, no solo en el señor ramírez, sino en una gran mayoría de santiaguinos (y de chilenos, probablemente)
paula molina deja la pelota en el área: “la te erre, que además en chile tiene una desviación de pronunciación como social”. digamos que paula, en ese momento, está tratando de constatar un fenómeno de norma bastante extendido en el sur y centro de chile. la selección léxica “desviación” es bastante problemática, porque ya tiene una connotación negativa y porque supone que la secuencia de coarticulación oclusiva dental + una vibración apicoalveolar sería algo así como lo neutro, por no decir lo correcto, en español de chile. confusión solucionable, creo yo, con una pequeña explicación que podría darse sobre tendencias de pronunciación en español del sur y centro de chile en relación al dífono, generalización de una pronunciación más fricativa aparentemente desde concepción hacia el norte y una reacción por parte de grupos acomodados de santiago tendientes a una pronunciación más bien africada. los maestros de fonética de la universidad de concepción están investigando en todo su profundidad dicho fenómeno. a esta manera africada de emitir el dífono, tan propia de nuestra presidenta, de nuestros políticos, de nuestros conductores televisivos, es a la que se refiere paula molina, pues la señala como propia de los patrones de la nana en la película homónima.
pero ahí el señor ramírez se lanza una de las frases más discriminatorias que se haya escuchado en radio cooperativa:”la trutruca déjenla en la casa”. claro está, con los dífonos supuestamente fricativos, pero que a él le salen africados, en un curioso juego de emisión refleja. un poco más tarde polo ramírez vuelve a emitir involuntariamente el dífono de manera africada y ya solo le queda reir. y a paula molina, con su risa cristalina y amena, también
el tema importante, a mi modo de ver, son las asociaciones que ambos locutores generan a partir de un fenómeno articulatorio que, imposible negarlo, está fuertemente marcado socialmente en el español capitalino. ramírez lo asocia al desprestigio y lo metaforiza en una representación mapuche. molina lo asocia a la gente que justamente genera juicios públicos en chile. no advierten que están hablando de dos fenómenos distintos relacionados con la misma secuencia fonética y eso ha permitido que desplieguen sus concepciones sociales sobre el lenguaje
la trutruca déjela en la casa, dice polo ramírez y actualiza uno de los más fuertes fundamentos en los que se conjuga el verbo de la discriminación lingüística en chile. el gran rodolfo lenz asoció, a fines del siglo xix, y con evidente y estricto afán descriptivo antropológico, tal como se entendía ese afán para la época, muchas de las características del “español de chile” con un sustrato indígena, tal como elegantemente se decía por entonces. era una hipótesis de trabajo, a veces apoyada y a veces criticada por otros lingüistas, pero era solo eso: la hipótesis de que algunas características de nuestro acento tendrían su origen en rasgos del mapuzungún, entre ellos la fricativización del grupo /tr/ y de la palatal áfona. Independiente del valor teórico de dicha descripción, lo cierto es que tal aseveración ha estado funcionando desde entonces como un argumento “lógico” que justificaría, que daría base de sustento, a conductas de discriminación lingüística y que tienen, en su lógica más profunda, una radical discriminación étnica y social. el periodista polo ramírez hace eco de ese sistema naturalizado para, a través de su mención de la “trutruca”, actualizar una fuerte discriminación en el país.
y es más, el señor ramírez recupera la idea fuerza de la filósofo cordua, esa de que la clase dirigente del país comete doble pecado al solo imitar a los patanes (re-leer) cuando, a reglón seguido, indica, en impersonal por supuesto, “hay malas costumbres que cuesta mucho evitar, cuesta mucho hacer desaparecer. ¡Cuesta tanto, Paula, que incluso llegan a ser incorporadas al idioma!”. Y remata señalando que el voseo (bonaerense y chileno, con una antológica señal de sorpresa de paula molina, al confundir voseo con solo el voseo pronominal) serían casos en los que estas “malas costumbres” se han expandido sin que nada ni nadie lo haya podido evitar. la gente culta, en términos ramirezcos, está presa de estas desviaciones del lenguaje y solo le queda asumirlas. o consultárselas a héctor véliz mesa, imposible de no mencionar e imposible de no asociar también con esta constante discriminatoria en medios capitalinos.
“malas costumbres difíciles de erradicar”. concluye finalmente el ya O’Higginis del lenguaje polo ramírez. y a regañadiente dice que se deben aceptar… cómo no, si su tribuna es una radio que orgullosamente se declara(ba) luchadora por los derechos de los chilenos. no es fácil, sin embargo, ser un integrador, un humanista, qué digo, un progresista en asuntos del lenguaje, incluso siendo un progresista político o hablando desde esa testera. y si hasta ellos discriminan…
ahí quedó, entonces, transmitido para todo el país, un 15 de diciembre, y una vez más quizás como tantas otras, una palabra mapuche como digno ejemplo de burla, prejuiciación y diferenciación discriminatoria en nuestros medios sociales.

