christian peñaloza castillo

ESPECIAL LINGÜISTAS EN LA PRENSA: RABANALES EN “LAS NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA”

In discriminación lingüística, lingüistas, prensa on 19 abril 2011 at 9:01 PM

Viernes 9 de octubre de 1970. Diario “Las Noticias de Última Hora”. Reportaje en plana completa a propósito del foro “Uso y abusos del lenguaje”, organizado por el Departamento de Extensión y Acción Social de la Universidad de Chile y en el cual partiparon lingüistas y profesores de lenguaje de la época, entre ellos el maestro Ambrosio Rabanales.

Comparto a continuación algunos extractos de sus palabras citadas por el matutino, de tendencia izquierdista, cabe mencionarse, especialmente para captar el sentido que toma cierto comentario de discriminación lingüística hecha por el periodista de la nota, no atribuible en absoluto a Rabanales, y que va en sentido contrario al que suelen ir los comentarios de esta índole. Muy curioso e interesante.

Dice Rabanales: Yo creo que el ataque a la incorporación de extanjerismos en el idioma implica un ataque a los extranjeros y con eso estoy en total desacuerdo. No se puede ser enemigo de los extranjerismos.

[...]

Lo que para algunos constituye una preocupación no es más que una moda que pasará y de la cual el idioma recogerá lo que le sirve y desechará lo innecesario, como un organismo cualquiera. A lo que el periodista de la nota precisa: con ello hace referencia al vocabulario que emplean los muchachos en Avenida Providencia, lleno de giros de su invención y que resultan, muchas veces, incomprensibles para otras personas.

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  1. [...] lingüístico el mismo día que leo, con placer, las palabras de don Ambrosio Rabanales a un diario santiaguino de octubre de 1970 con las que señala que “el ataque a la incorporación de extanjerismos en el idioma implica [...]

  2. Christian, te mando copia de la carta que le envié a Banderas y que apareció efímeramente en su blog de radio Agricultura. He escrito varias veces a esa dirección y las respuestas de algunos auditores no se hace esperar, todas solidarizando con el creador de la frase “usted no lo diga”.
    Creo que bien valdría que añadieras en tu blog algo sobre este profesor.

    Señor Banderas: Le agradezco que me haya escrito. Como auditor de la radio Agricultura he escuchado en algunas oportunidades sus micro-programas, lo que me ha movido a expresarle la distancia que guardo de su objetivo como divulgador. De inicio, permítame decirle que no participo de sus argumentaciones. Usted, al igual que yo, es profesor de Castellano y como parte de ese ejercicio ha publicado libros versados en materia que compete a la lingüística. Yo también he hecho lo mío. Por ende, en virtud de nuestros intereses, de nuestra trayectoria académica y de nuestros trabajos documentados, podemos afirmar que ambos integramos el gremio de los profesionales de la lingüística. Dicha ciencia conoce una dilatada ramificación. Una de ellas es la gramática, de la que tanto usted como yo nos ocupamos. Pues bien, si nuestro objeto de estudio es la lengua española no nos es dado incurrir en la apreciación de sus realizaciones. A modo de correlato, sería inadmisible que un botánico optara por el examen de una planta en desmedro de otra por motivos estéticos. Lo mismo cabe a nuestro cuerpo de análisis. El mero nombre de su programa colide con este. Si usted propala la existencia de un Buen Lenguaje, el auditor podrá inferir que, a parejas, existe un Mal Lenguaje. Infelizmente ese lenguaje denostado y casi ilícito es el que construimos entre todos como dialecto.
    Usted señala que se basa en la norma culta como punto de referencia. Ese no es más que un punto de referencia. La tradición gramatical heredada de los griegos ha insistido en la existencia de un único patrón idiomático, al que se le han de reverenciar todas las atenciones y hacia el cual el hablante llamado culto debe converger. Pero esa norma culta, que es de suyo fantasmal y no sé si alguien puede definir o identificar sin miedo a engaño, ha sido usada como índice de discriminación. Aquí es donde radica el meollo de mi discrepancia con su método, señor Banderas. Si la gente lo detiene en la calle y lo interroga puedo prever que su respuesta estará condicionada por esa única modalidad, que desconoce el registro consignado, por ejemplo, en los diccionarios de uso que usted cita. Entonces, si esa norma (me acomoda mejor el mote registro) no culta está ahí, escondida, humillada, postergada estuviera registrada en libros de cuño oficial, ¿por qué no citarla? , ¿por qué negarle al hablante la comprensión de que sus realizaciones tienen tanta validez como otras según el contexto de enunciación? Pongo a modo de ejemplo lo que un auditor inquiere sobre la forma del verbo ‘haber’, en su flexión como ‘haiga’. Los puristas, asistidos por el diccionario, la descartan no por impropia (lo que sería un argumento de base discursiva) sino por errónea. ¿Cómo es posible que sea erróneo algo que practican miles de hablantes en su interlocución? ¿No sería más provechoso para ese usuario saber que se trata de la flexión diversa de un verbo de elevada ocurrencia en su producción diaria y que, además, amplía su morfología dentro del paradigma de conjugación? Esa realización no es un dislate. Al sancionarla con el fallo rotundo de ‘error’, ese hablante no es educado, es discriminado.
    La sensación de segregación podrá verificarla usted en cualquier momento y en cualquier recodo de nuestro territorio. Basta preguntarle a alguien cómo cree que habla el español y la respuesta será (lo asevero sin miedo a equívoco) ‘mal, pésimo’. Nunca he leído en su blog que un auditor de su programa se sienta orgulloso de su producción. Siempre me deparo con la auto-crítica acerba. Todos se describen como ejecutores torpes, inhábiles de nuestro código común. Muchos lamentan la supuesta decadencia de nuestro idioma y rechazan los cambios inevitables que acontecen en la morfología, en la sintaxis, en la semántica, en la fonética, en el tratamiento. A ese auditor le incomoda el ajuste, la transformación formal y de interacción pues no entiende que las lenguas se gestan, no se estabilizan. Leer las declaraciones de estos hablantes es leer las valoraciones que tenía sobre el idioma español Juan Montalvo en el Ecuador de inicios del siglo XIX, un español (aquí va un participio ahíto de discriminación) expurgado de prácticas que él consideraba nocivas.
    Si su intención es servir al conocimiento, me permito solicitarle como colega que no insista en el argumento de la edificación lingüística vía la penalización del habla. Mejor sería reforzar que toda forma, toda realización, toda flexión, conjugación, paronimia, interjección, etcétera, es válida y respetable en el habla y que los registros cultos, incultos, orales, escritos, de inter-lengua son referencias y no asideros de llegada.
    Para terminar, no pretendo refutar la relevancia del uso del diccionario de la RAE. Es un importantísimo recurso de consulta, pero no de prescripción. Todos sabemos que la prescripción desemboca de manera ineludible en la segregación. La misma RAE perpetúa en su consigna un sustrato separatista. La meta de limpiar, fijar y dar esplendor le cabe a la estética, a las leyes, a la moral, no a la lexicografía. Ese documento, servicial, a no dudarlo, incurre en una visión sutilmente eurocentrista. Le doy un ejemplo: en su catálogo no existe una sola palabra que nos sirva para denominar al español europeo. En cambio, consiga un adjetivo para cada una de las variantes identificadas en la geografía: chilenismo, argentinismos… hasta la vaga y espiral noción de americanismo.
    Las lenguas no son instituciones. En un momento de la historia se llegó a la convención de que se les debían aplicar los mismos rigores conceptuales que a estamentos que sí tienen carácter institucional como las religiones o los poderes del estado. De ahí que se haya propagado la perniciosa calificación de ‘corrupción’ o ‘corruptela’ a manifestaciones intrínsecas de la movilidad idiomática.
    El chileno parece gustar de las leyes, de los axiomas, de obedecer sin el concurso de la crítica. Por ello es nuestra responsabilidad como estudiosos del lenguaje promover una cultura lingüística, un entendimiento más amplio, integrador y analítico del idioma. La consecuencia directa será la mejor comprensión de nosotros mismos.
    John O´Kuinghttons.

    • Gracias, John, por contarnos lo de tu carta. No soy muy aisduo a radio Agricultura, por eso no me topo mucho con el señor Banderas, pero como sí soy asiduo a la Cooperativa, me topo con Véliz Mesa y justamente estoy preparando una nueva entrada sobre una respectiva de él en su blog… donde se burla y se queja, claro está, de lo “mal” que hablamos los chilenos. Estamos en contacto!! Y nuevamente, gracias por todo

  3. Christian, ya que de discriminadores se trata, te mando también el comentario que ingresé al blog de V-Meza y que aún no me responde. Uno de sus mayores problemas es ser un lego que se cree entendido en la materia. Espero que te sirva.
    Un gran abrazo.

    Señor Velis-Meza. Lamento que en el alba del siglo XXI aún haya personas supuestamente calificadas que defienden esa idea tan añeja y aneja a los estudios lingüísticos como es la supuesta incorrección de las palabras. Eso ya solo lo defienden puristas como usted o el señor Banderas. Esa manía de propalar la defensa a ultranza de las acepciones registradas en los diccionarios o documentos afines como gramáticas va contra lo que usted hipotéticamente ha pregonado en alguna oportunidad: que existen contextos de enunciación.
    Señor V.-Meza, en Chile no se habla mejor ni peor el castellano, simplemente se habla. Si su afán es medir el habla por los documentos que aparentemente pretenden fijarlo usted habrá de sancionar a toda y cualquier comunidad diacrónica y sincrónicamente. Mientras haya seres humanos que se expresen mediante códigos verbales habrá movilidades y cambios. Mientras haya puristas existirá la frustración de observar la inevitabilidad de esos cambios. A personas como usted le incomodan las mudanzas; de otro modo no degradarían en sus comentarios a los hablantes con juicios peyorativos sobre su producción lingüística. Por favor, no lo desmienta porque basta leer sus publicaciones para cerciorarse de lo que digo.
    Aquel dictamen (hablamos y escribimos mal) NUNCA ha abandonado cierto tipo de evaluaciones del habla, que proceden, preveo que lo sabe, de los gramáticos alejandrinos, que pasan por Nebrija, por Juan Montalvo y que se instauran en el lema exclusivista, sancionador y discriminador de la RAE: Fijar, limpiar y dar esplendor.
    Vea el significado de, por ejemplo, el adjetivo distributivo ‘sendos’ y comprobará que los hablantes chilenos lo empleamos de un modo muy diverso al que cifra el diccionario. Esa disparidad no crea NINGÚN PROBLEMA DE COMUNICACIÓN como usted alerta. Empléelo y verá. El diccionario es un documento de REGISTRO, orientador y no fijador de aplicaciones inmóviles.
    Si las comunidades deciden que tal o cual palabra ha de tener una acepción diferente, al lexicógrafo serio y científico le cabe entonces documentarlo, no segregarlo.
    ¿Usted se ha preguntado por qué las acepciones varían? ¿Es por capricho de las comunidades, que rechazan los diccionarios confeccionados por los estudiosos? ¿O se debe a la propia naturaleza del intercambio verbal?
    Piense qué haría un ornitólogo que comprueba que una ave, en lugar de volar al sur en invierno, lo hace en primavera. ¿Ese observador deberá declarar que esa ave está equivocada?
    Usted tiene en manos un mecanismo precioso para la educación lingüística de nuestro país. No incurra en el facilismo discriminatorio de quien se siente autroizado porque enarbola un libro al que cualquiera puede acceder. Los diccionarios están al servicio de los hablantes y no al contrario.
    Soy profesor universitario de lingüística y creo fundamental que usted revea sus criterios de divulgación. Usted, por lo que me consta, es periodista, de modo que opina sobre una materia que ha estudiado por afición, prescindiendo de un método científico. Pues bien, sepa que en lingüística la prescripción ha caído en el absoluto descrédito gracias a los señeros avances que se han logrado en materia de conceptos, de metodologías y de objeto de estudio. Si su intención es divulgar su obligación es la documentación seria, comenzando por erradicar la impropiedad conceptual de llamar VICIOS a las variaciones idiomáticas.
    La discriminación lingüística es tan seria como cualquier otra y mucha gente la acepta por el malogrado peso de la tradición.

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