christian peñaloza castillo

LOS DOS FELIPES Y LA CUESTIÓN EDUCACIONAL (II PARTE)

In discursos, educación, Felipe Camiroaga, Felipe Cubillos on 7 septiembre 2011 at 12:46 AM

El testamento político de Felipe Cubillo (porque eso es, un texto político e ideológico, circunstancialmente convertido en testamento), por su parte, ha sido profusamente publicado por la prensa derechistas, incluso a través de un polémico inserto a toda página en El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias y La Tercera, sin firma, sin antecedentes de quén había pagado tal millonada por republicarlo, y con todo el aire, entonces, de editorial disfrazada y coludida entre los dos colosos periodísticos. Veamos qué decía su última columna:

Felipe Cubillo: Soy un indignado
La Segunda, martes 30 de agosto de 2011
Fuente: Desafío Levantemos Chile

Pertenezco a ese grupo de chilenos que después del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 nos hemos dedicado a ayudar a levantar escuelas, jardines infantiles, botes de pescadores y comercios que fueron destruidos por la fuerza de la naturaleza. Hemos sido miles los que hemos dedicado nuestro mejor esfuerzo, nuestra pasión y nuestro compromiso en ayudar a volver a levantar a Chile. Lo hicimos desde la alegría y desde nuestra libertad.

Muchos lo hicimos donando a Teletón, Desafío Levantemos Chile, al Techo para Chile y a muchas organizaciones de la sociedad civil. Miles de jóvenes se volcaron a ayudar a miles de familias chilenas, y nos conmovimos con el sufrimiento, pero sobre todo nos cautivamos con el compromiso de tantos por reconstruir nuestra sociedad. Sabemos que todavía nos queda mucho por hacer.

Soy un indignado, porque trabajamos sin descanso para que ningún niño chileno perdiera su año escolar en 2010 y, junto a mucha gente, lo logramos. Pero, un año después, vemos que miles de nuestros jóvenes están a punto de perderlo.

Soy un indignado, porque logramos levantar escuelas caídas para que nuestros niños pudieran estudiar, pero, un año después, otros las queman.

Soy un indignado, porque trabajamos sin descanso para levantar los pequeños comercios devastados por el terremoto y tsunami para que los emprendedores se volvieran a levantar; pero, un año después, veo a cientos de comerciantes como ellos que sufren los destrozos de sus locales cada vez que hay una protesta callejera.

Soy un indignado, porque un joven inocente ha perdido su vida tan sólo por haber estado en el lugar y momento equivocados (mientras escribo esta columna nos acabamos de enterar de que la bala que mató al joven Manuel Gutiérrez salió del arma de un carabinero; ojalá tengamos la mesura para condenar un hecho puntual y no a una institución completa, pues si es así escalemos también hasta los organizadores de las protestas).

Soy un indignado, porque vimos cómo nuestros carabineros evitaban los saqueos en los días posteriores al terremoto, y ahora vemos cómo delincuentes, escondidos entre los estudiantes, los atacan sin piedad en cada protesta.

Soy un indignado porque, pese a todos los problemas que tenemos como sociedad, hemos tenido avances notables en las últimas décadas, y hoy nadie se atreve a reconocer su paternidad o maternidad.

Soy un indignado por esos pseudoempresarios que engañan a la gente, sobre todo a los más pobres, renegociándoles sus condiciones sin ni siquiera preguntarles.

Soy un indignado, porque conozco a muchos emprendedores de la educación subvencionada que, precisamente por hacerlo mejor que los colegios estatales (sí, los municipales, también son estatales), hoy día corren el riesgo de tener que cerrar sus colegios.

Soy un indignado, porque muchos de los parlamentarios de nuestro país han renunciado al liderazgo y responsabilidad que les otorgamos en las urnas.

Soy un indignado cuando veo al presidente del Colegio de Profesores defendiendo una supuesta calidad de la educación, cuando el gremio que preside se niega a evaluarse.

Soy un indignado, porque no estamos discutiendo las verdaderas y profundas razones de la pésima y desigual educación que les estamos entregando a nuestros jóvenes, quizás porque llevamos años usando a la educación como caballito de batalla de la política de turno.

Soy un indignado porque, salvo honrosas excepciones, hemos caído en la política de las encuestas y el Twitter, y hemos renunciado a defender las convicciones. ¿Qué tal si los políticos apagaran por unos días sus computadores y se dedicaran a defender sus convicciones?

Hoy día hablo por mí, y sólo por mí, porque además creo que no somos muchos los que en estos tiempos creemos en la libertad; sí, esa libertad para emprender, para equivocarse, para educar, para enseñar y para aprender.

Soy un convencido de que la derrota de la libertad no se debe a la fuerza de sus enemigos, sino que a la debilidad de sus defensores.

 

Como se ve, la extensa columna está organizada como manifiesto. Manifiesto variopinto, en el cual Cubillos se pasea por una serie de temas, unas más coyunturales que otras, pero que en suma dan cuenta de su perspectiva sobre el presente nacional. Esta organización se vuelve evidentemente persuasiva al obervar la estructura reiterativa que da cohesión al texto. Un texto, diríamos, para ser leído ante una multitud, más que pa ser leído en el silencio y la soledad.

El intertexto también es bastante obvio y conocido: el otro manifiesto, “Indígnate”, tan popular este 2011 por servir, supuestamente, de sustento moral para las manifestaciones populares europeas (sobre todo, las españolas). La indignación europea es coyuntural y estructural a la vez. La de Cubillos, es solo coyuntural. Ahí comienzan las diferencias.

El discurso visible de Cubillos se centra en una defensa del filantropismo como modelo de vida y de progreso social (si al menos en eso hubiera más empresarios que lo siguieran). Me centraré solo en sus menciones al tema educacional, para no eternizar este comentario. En este plano, Cubillos indica que su papel ha consistido en

- trabajar “sin descanso, para que ningún niño perdiera su año escolar en 2010″

- “levantar escuelas caídas para que nuestros niños pudieran estudiar”

Y asume que ese rol (no cumplido por el Estado) nace de un principio básico (y no, justamente, de un abandono de deberes del Estado): la libertad. ¡Qué palabra tan manoseada en el Chile de los últimos años! Ahí está el corazón ideológico de Cubillos, puesto en lugares estratégicos del primer y de los últimos párrafos:

- “nos hemos dedicado a ayudar a levantar escuelas, jardines infantiles, botes de pescadores (…) Lo hicimos desde la alegría y desde nuestra libertad”

- “no somos muchos los que en estos tiempos creemos en la libertad; sí, esa libertad para emprender, para equivocarse, para educar, para enseñar y para aprender

- “la derrota de la libertad no se debe a la fuerza de sus enemigos, sino que a la debilidad de sus defensores”.

Esta derrota de la libertad está dada, principalmente, por el movimiento estudiantil que ha luchado todo el 2011 por Educación Pública de Calidad. Este movimiento está aludido constantemente en su discurso, sin embargo nunca es nombrado. Solo hay referencias, ironías casi, sin que Cubillos se atreva, en la mayoría de los casos, a describir a este enemigo de la libertad.

- miles de jóvenes están a punto de perder el año

- otros queman escuelas caídas en el terremoto (y levantadas por él)

-  en las protestas callejeras se destroza el comercio y se ataca “sin piedad” a carabineros (aunque cuando debe asumir que un carabinero dio muerte a un adolescente, pide que, en este caso, no se generalice la situación)

- “muchos emprendedores de la educación subvencionada (…), precisamente por hacerlo mejor que los colegios estatales (…) hoy día corren el riesgo de tener que cerrar sus colegios”

- Colegio de Profesores que se niega a evaluarse.

Libertad versus caos social, lumpen y delincuencia (aludiendo, insisto, al movimiento social y estudiantil). Es curioso, al menos, que en el único párrafo donde Cubillos se anima a ser un poco más explícito, ocupe una falacia tan grande y burda como es la de indicar que los colegios subvencionados corren el riesgo de tener que cerrar ¡por hacerlo mejor que los estatales! Es la libertad versus la conspiración y la envidia (y aquí valga recordar esa inaudita columna de opinión, también aparecido en un diario del duopolio, en que el movimiento estudiantil se explicaba a partir de la envidia social hacia las personas ricas).

Cubillos no quiere ser explícito, en cambio, cuando indica que “no estamos discutiendo las verdaderas y profundas razones de la pésima y desigual educación que les estamos entregando a nuestros jóvenes”. Lo irritante del asunto en este punto es que

- no señala cuáles serían esas verdaderas y profundas razones (¿falta aún de mayor libertad?)

- desconoce que si algo ha intentado instalar el movimiento es una discusión verdadera y profunda sobre los motivos de la desigualdad educacional y social en el país. ¿Qué lleva a Cubillos a desconocer este esencial cariz del movimiento social y a solo potenciar el perfil delictivo que intenta achacarle?  ¿Estas verdaderas y profundas razones a las que hace mención consideran, justamente, como punto de inicio una revisión seria del concepto de libertad que tanto glorifica (¡entre tanta cosa que hay que revisar!)?

¿Por qué Cubillos dice tan sueltamente que los colegios municipales son peores que los subvencionados (juicio, por lo demás, desestimado por varios informes de expertos) y no se cuestiona la aberración que esa afirmación implica?

El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es un modelo atrofiado, en el que solo hay filántropos (libres de escoger serlos) y delincuentes protestantes dispuestos a destruir cualquier atisbo de emprendimiento (privado). El modelo de país que está en la tinta de Cubillos desprecia al Estado y la actividad política (en eso recuerda el desprecio pinochetista, que es un desprecio muy distinto al del movimiento social). El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es bicromático, con dos tipos de chilenos: los con superioridad moral y los demás, denostados sin tapujo. El modelo de país que está en la tinta de Cubillos es numérico y sin contenido, solo se basa en colegios reconstruidos y porcentaje de estudiantes. En la cobertura muere su discusión sobre educación. No tiene personas, ciudadanía, derechos civiles ni posibilidad de disidencia.

Se rescata la figura de Cubillos por decidir, en la madurez de su vida, gastar parte de su dinero en construir colegios y ayudar en la reconstrucción de un país azotado por el terremoto y por un Estado indolente. Era su heredada plata y no tenía por qué capitalizarla en caridad social. Ese era su valor, pero ese era su lugar ideológico desde el que veía y pensaba Chile. Y eso debe quedar claro, sobre todo en tiempos en que los medios lo alzan como modelo a seguir y como héroe de la patria.

Camiroaga y Cubillos seguramente potenciaban de buena manera sus visiones sobre Educación. De seguro uno aprendía del otro y vice versa. Pero no era la misma visión, en absoluto. Frente a la cobardía discursiva de los medios por aclararlo, hay que insistir en eso hasta el cansancio. Y ponerse a discutir y dialogar.

 

 

 

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