LENGUAJISTA

Publicado desde el 31 de agosto de 2007.

LA CIENCIA INMACULADA: QUEJAS Y OMISIONES


12801424_10208449734817995_8930459217186503913_n

Marzo de 2016. Estudiantes de Artes de la Universidad de Chile protestando en las afueras de la Facultad de Ciencias de la misma Universidad. ¿El motivo? No tienen salas suficiente para comenzar el año académico. ¿Por qué van a reclamar allá? ¿Por qué será?

I

Primera escena: Ojeo El Mostrador y me encuentro con una sabrosa “polémica” entre connotados gallos de pelea. Si bien la disputa es un poquito pueril, lo cierto es que combos van combos vienen. ¿El conflicto? Que los concursos que financian la gran ciencia en Chile, el regular de Fondecyt, se “derechizó”, dicen unos, y que lo que tú dices no lo puedes decir porque lo que haces no es “ciencia”, dicen otros. Todo, avivado por insultos rimbombantes; insultos académicos claro está (no tienes doctorado, vives de tu apellido, te derechizaste, eres un fetichista de los métodos estadístico, perteneces a un claustro aristocratizante…). No puedo entrar en el “fondo” de la polémica, porque los datos son escasos, casi secretos, porque soy un mero espectador de los concursos de Fondecyt (¡sí, también soy un maldito indoctorado!) y porque me dio un poco de lata su discusión en la plaza pública llena de palabrotas academizantes (“hipótesis nula”, por ejemplo).

También, debo decirlo, porque mirando el informe, porcentajes más porcentajes menos, soy de los que no me quedan tan claras las conclusiones que Alberto Mayol y Javiera Araya dicen evidenciar (y que luego matizan en carteos posteriores), conclusiones que sin dudas son carne perfecta para los que estamos en la galucha (¡mueran los fachos que le roban al país!), pero que se basan en un supuesto falaz, parcialmente señalado por los críticos del informe. Mayol y Araya indican que en ciertos momentos de los últimos años se puede hablar de “derechización” porque los fondos han sido asignados, en porcentajes sorprendentes a la luz de la  historia de los datos, a instituciones “de derecha”, entiéndase universidades privadas y confesionales. Antonio Maillet le replica que los fondos son asignados a individuos, no a instituciones, y que es un error pensar que todos los académicos de una institución confesional, por ejemplo, participan efectivamente de esa postura. Indica, no sin razón, que por las lógicas laborales y la precarización académica, la relación entre la postura del académico y la de la institución no es simplemente unívoca. Ahora bien, ni Maillet ni Mayol-Araya atinan a decir lo segundo al respecto: que también es un error pensar que todos los docentes de las universidades dizque públicas ¡¡son progresistas, pro estado y amantes del laicismo!! En fin, asumiento que en ese punto Maillet tiene algo de razón, es una manera elegante de desviar el tema hacia lo que, entiendo, Mayol y Araya intentan poner como debate, pero que solo se atreven insinuar: la asignación de fondos privilegia a académic@s de ciertas instituciones en desmedro de otras para que dichas instituciones aparezcan mejor rankeadas, es decir, mejor posicionadas en el mercado académico. A veces se benefician las privadas confesionales, a veces se benefician las “públicas”. Esa insinuación, por algún motivo, desplegó una reacción rabiosa de quienes respondieron a Mayol y Araya. Una suerte de “orgullo de clase” (si existe la “clase polícita”, ¿por qué no también la “clase científica” chilena?) muy bien manifiesta, casi sin pudor, por Marcelo Casals, Luis Placencia y Mauricio Salgado en su réplica. Nótese, además, el título de su crónica: “A. Mayol y la mala ciencia”. Sí, está eso de la “mala ciencia”, cómo no, pero ¡qué heavy como invisibilizaron a Javiera Araya, coautora del informe! De más está decir que en la discusión sobre “la ciencia” en Chile solo hablan hombres y citan a hombres. Pero no vaya a creer que eso es un componente de la “mala ciencia”. Por favor, no.

 

II

Escena segunda: Chile se conmueve con la “rebelión de los científicos” de fines de 2015. La prensa la llama “la furia científica”. No hay dinero para investigar y la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, Conicyt, es una chacra, todos sus presidentes renuncian, los políticos no los escuchan y el Estado solo les sonríe ante las cámaras para luego sumirlos en el olvido y en la indiferencia. Nada falso. Quieren más dinero para “la ciencia”, que se les respete. Conspicuos (de verdad) investigadores nacionales, tan poco dados a las asambleas y a las marchas, sorprenden con consignas propias de las pancartas que engalanan la Alameda: “los gobiernos han elegido la ignorancia“, “Chile no cree en su cultura“. ¿La respuesta? Una calurosa mañana de verano, Michelle Bachelet anuncia la creación, algún día, del Ministerio de Ciencia (en singular) y Tecnología, mientras mantiene Conicyt descabezado y caótico por varios meses.

Francisco Brieva, presidente de Conicyt que renunció en octubre de 2015, lo que desató la "furia científica".

Francisco Brieva, presidente de Conicyt que renunció en octubre de 2015, lo que desató la “furia científica”.

 

Más dinero para la ciencia. Suena bien. Pero más dinero, para qué. La Tercera publica una muy interesante entrevista a un importantísimo investigador chileno, Andrés Couve, en que algunas cosas comienzan a quedar clara, al menos para entender desde dónde hablan los científicos. Y sí, siempre puede ser un problema de la edición de la nota, introducida magistralmente con una hermosa colección de prejuicios:

“Casi todas las mañanas, Andrés Couve se va a su trabajo en bicicleta y siente que hace un viaje por la historia. Empieza en el presente en su casa en Vitacura desde donde baja, pasa por los alrededores de La Vega y la zona que en la Colonia llamaban La Chimba y sigue hacia Independencia [omiten decir lo sugerido, este es el pasado], a la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Ahí el biólogo se dirige a un subterráneo y vuelve al futuro cuando entra a un laboratorio con nombre en inglés, el Biomedical Neuroscience Institute, BNI (Instituto de Neurociencia Biomédica), enfocado en una de las áreas que más interés genera hoy en las ciencias: el cerebro, el sistema nervioso y el funcionamiento de la mente. Ese centro reúne desde hace casi cinco años a 11 especialistas -biólogos, siquiatras y físicos- más sus equipos, es decir, cerca de 200 científicos con muchos diplomas y publicaciones. Couve es su director”.

En un punto se le pregunta al doctor Couve por qué un centro chileno de investigación debe participar en la red de fondos e investigaciones de las universidades europeas y estadounidenses (en particular, en el tema de neurociencias): “si todos están ahí, no podemos quedarnos fuera”, responde. Luego, se le pregunta qué se ha logrado en el Instituto de Neurociencia Biomédica tras casi cinco años funcionando: “primero, la productividad científica ha sido súper buena [traducción: publicamos harto y nos citan bastante] (…) Pero han aparecido otras cosas más allá de lo que cada uno hace individualmente: si en la parte científica nos ha ido bien, en la parte posicionamiento nos ha ido mucho mejor, hemos puesto una marca a nivel nacional y regional”. ¿Qué falta?, pregunta entonces la periodista: “lo que me gustaría a mí es que de aquí saliera ese gran descubrimiento que realmente genera mística. Eso todavía no pasa. Lo que sea, pero me interesa que alguien lo logre y a eso estoy dedicado, a que la gente pueda hacer ese descubrimiento relevante. Pero quiero agregar algo: hacer ciencia en Chile no es lo mismo que en un país desarrollado donde te puedes dedicar a tu investigación científica. Aquí, al mismo tiempo, tienes que tratar de que la ciencia sea relevante en el país. Hacer el descubrimiento personal que a mí me encantaría o permitir que otros más chicos puedan trabajar sobre una mejor plataforma son dos tareas distintas. Si tú revisas la historia de los científicos chilenos esto se repite, no hemos salido de esa. Creemos que sí, pero todavía trabajamos en condiciones precarias (…) Hay poca inversión, no hay más vueltas que darle. No tenemos un sistema bien hecho, es un desorden descomunal, no hay visión de largo plazo, es caótico”.

El trabajo del doctor Couve y de todo su equipo es de altísima calidad, jamás lo pondría en duda, y aporta en el entendimiento de problemas críticos de nuestra vida actual: el alzheimer, el parkinson… Además, su diagnóstico institucional no es errado, todo lo contrario: hay efectivamente condiciones muy precarias y mucho desdén desde el Estado. Y destaco muchísimo su interés en participar y actuar para solucionar el problema institucional, cuando perfectamente podría encerrarse en su futurista laboratorio sin más. Pero lo que me llama la atención es que no sitúe ni por cerca su malestar institucional en el contexto de las movilizaciones sociales por reformas en el país, especialmente educacionales. Lo que me llama la atención  es que el norte de sus reflexiones (que, bueno, pueden ser simplemente el producto del apresuramiento de una entrevista) son tan concentradas solo en “la ciencia”, como objetivo en sí mismo, con tan poco tacto (por no decir interés, preocupación) con el país, con sus realidades sociales. Una actividad científica menos preocupada de la cita y más preocupada de las políticas públicas, no solo las que le afectan sino también las que genera, especialmente si se cuenta con una tribuna mediática para hacerlo.

 

III

Más dinero para “la ciencia”, pero ¿para cuál ciencia?

Para una que siempre se piensa a sí misma en singular. Cuando le hice ver ese detalle a un colega, me respondió socarrón: “bueno, sí, hay ‘dos ciencias’, la buena y la mala”. ¿La buena? La hija de los ilustrados y positivistas europeos del siglo XVIII y XIX. En una reunión de programación de un curso de pregrado, después de todo un proceso de innovación curricular, un profesor de “ciencia” nos refriega en la cara EL método científico que desde la ilustración nos enseñó, dice él, cómo se hace ciencia. Tan objetiva, claro está, que pasa ser un imperativo moral. Pero esa singularidad escandaliza a las ciencias humanas y sociales… y también a muchos científicos de las ciencias exactas y naturales que ya dieron el salto copérnicano para comprender de otra manera el rol de los métodos en el crisol del conocimiento. Sobre todo, que no hay un solo método, que los caminos que generan conocimientos son variados e igualmente complejos y que lo esencial es la pertinencia, la adecuación de los métodos a los objetivos que persiguen. ¡Basta de los singularismos caducos (“ciencia”, “método”, de la mano de otros como “cultura” e “identidad”)! ¡Basta de esas hegemonías!

Más dinero para la ciencia, pero ¿para cuál ciencia?

Para una ciencia inmaculada, sin pecado original. Para una ciencia más allá del bien y del mal, etérea, limpia de cualquier espora contaminante. Uno se imagina a personas que al entrar a su laboratorio se desinfectan del mundo, del cuerpo y del alma. Couve entrando al futuro. Puro objetividad. Desprecian la intuición y la ambigüedad, por lo tanto, en el fondo, también desprecian el trabajo en equipo y el diálogo, que siempre es en lengua humana, ambigua, sugerente, claroscura, intencionada y nada de lógica. Ciencia inhumana, “blanco y ardiente estandarte”, luz del progreso de la patria… Pero esa ciencia, esos laboratorios, están conformado por personas. Personas hijas del sistema educacional chileno y de su cultura de discriminación. ¿Cuántos hombres, cuántas mujeres conforman esos laboratorios? ¿Cuánta diversidad social, étnica, identitaria? ¿Cuántos hay en Santiago, cuántos en Arica y en Puerto Montt? Mejor no hablar de ciertas cosas… ¿Tod@s con una noción ética del actuar profesional? ¿Todos solidarios y respetuosos del trabajo del otro? Muchos sí, otros se hacen expertos en zancadillas y conventilleo. Y por ahí por allá brotan las conversaciones espúreas con la empresa privada, que llevan al lucro indebido, a la manipulación de la información y al maquillaje o al silenciamiento de los resultados según quien pague, hasta llegar, incluso, si es necesario, a las amenazas y a la violencia contra quien ose pelear un pedazo de la torta (¡sí! sabrosuras que usted puede leer en “Ciencia y Novelas”) o a condenar al envenenamiento a comunidades enteras en pos del “progreso”. Científicos naturales y sociales involucrados. Pero mejor no hablar de ciertas cosas…

Ciudadanos del valle del Choapa que protestan por el envenenamiento de las aguas del Río Caimanes por parte de la gran minería (Luksic). Calló el gobierno... ¿con la complicidad de cuántos científicos?

Ciudadanos del valle del Choapa que protestan por el envenenamiento de las aguas del Río Caimanes por parte de la gran minería (Luksic). Calló el gobierno… ¿con la complicidad de cuántos científicos?

 

IV

Lo cierto es que la “furia científica” de fines del 2015 tenía manzanas verdes y rojas. En los diarios, científicos que exigían más dinero para “la ciencia”, pero en la calle muchos que no solo pedían eso, sino una revisión severa, política, del sistema científico en Chile. Es parecido, pero no es lo mismo. El problema de Conicyt es económico (no solo no aumenta el financiamiento de proyectos de investigación, ¡sino que disminuye!). Pero no es solo de platas más platas menos: es todo un modelo importado de cómo hacer academia científica y que tiene más de una arista: ¿Quién le paga a los investigadores jóvenes? ¿Se vinculan solo por proyecto o son, en hechos y en derechos, miembros de una comunidad académica? ¿Los profesores taxis entran en esta pelea o en realidad queremos académicos investigadores claramente diferenciados de los académicos docentes? ¿Los becarios son solo carne barata para el cañón del conocimiento? ¿Y para qué queremos tantos doctorandos que no tendrán un espacio en el país, que serán cesantes ilustrados y sobre los cuales recaen las penas del infierno si no cumplen con las reglas ridículas del control burocrático? Y si me fui a estudiar al extranjero, ¿por qué no me generaron la convicción de que era para volver a servir al país, que mi formación se la debo al país? Además, si como sistema concibo la ciencia en singular, ¿permito y aseguro el desarrollo de todos las disciplinas, exactas, naturales, humanas, sociales, las transdisciplinas, las básicas y las aplicadas? ¿Y me acuerdo o me olvido de aquellas que se abocan a la “creación”? ¿Cómo resuelvo esa diversidad de conocimientos si busco que los criterios oficiales emanen del Ministerio de Economía y se midan en puntos de impacto internacional?

Manzanas verdes y manzanas rojas. Para la prensa, solo eran manzanas.

Manzanas verdes y manzanas rojas. Para la prensa, solo manzanas.

 

La ciencia es una actividad humana, inserta en las redes que el sistema le asigna (y que ojalá algún día sean asignadas por la ciudadanía y no por las cocinas del poder). El doctor Couve lo tiene claro, pero no asume sus consecuencias; más bien lucha para algún día salirse de ellas, y solo formar parte de otras: la de los rankings, los grandes congresos, los “descubrimientos”. Y que la red de los ministerios, las influencias, los compromisos políticos, se limite a financiar. Uno puede prever que esa postura se acerca, finalmente, al peligroso punto en que da lo mismo si el financiamiento es público o privado, mientras sea generoso y se centre en generar condiciones de protección y aislamiento para eso que se llama “innovación y desarrollo”. Si uno lee bien la “furia de los científicos”, al menos como se planteó por la prensa y en la famosa carta de la ignorancia, no hay de hecho verdadera solidaridad con los becarios que no pueden ejercer por trabas burocráticas, con los profes taxis y con las disciplinas académicas subfinanciadas y precarizadas. No quieren verse formando parte de un todo. Y nos quieren hacer creer que la amenza, que el riesgo mayor es la dicotomía ciencia o política. Una falsa dicotomía por cierto.

 

V

Una vez le pregunté a una colega dónde podía encontrar su informe final de investigación de fondecyt. Necesitaba consultar sus conclusiones y lo busqué y lo busqué en la página institucional, pero nada. Ella me lo facilitó sin problemas, pero ¿por qué tuve que depender de conocerla para acceder a una información que supongo pública? ¿O había que pedirla por Chile Transparente? Es muy raro, por decir lo menos, que una investigación financiada con fondos estatales no se presente para el arbitrio, conocimiento y uso de cualquier chilen@ y que toda la institucionalidad pública favorezca, en vez de una difusión relativamente accesible, el negocio transnacional de los artículos pagados y en lengua extraña. Es perverso, pero esa actitud del Estado lleva a visualizar el progreso del país, en vez de materializado en políticas públicas de salud, agricultura, educación, innovación, en cuántas universidades se logran instalar en los rankings internacionales sin más. En el “no podemos quedarnos afuera” de Couve.

Y aún más…  ¿Necesitamos realmente a Conicyt? Porque, ¿qué brinda, teóricamente, un consejo como ese?: un organismo centralizado, dizque autónomo, que administra la entrega de recursos a proyectos de investigación y creación académica arbitrados por pares. ¿Quién asegura, desde lo político, que un organismo como ese no presenta los mismos vicios que otros similares, como el que financia el arte y “la cultura” en Chile? No, por favor, es que somos “científicos” inmaculados y etéreos. ¿Y un sistema superior puede depender de un mecanismo de financiamiento de la investigación centralizado y centralista como Conicyt? ¿No se genera una suerte de desvinculación, de separación intencionada y tendenciosa, al financiar por un carril la investigación y por otro carril la docencia y la extensión universitaria, los sueldos y la mantención de los espacios físicos? ¿Qué se busca, en el modelo académico imperante, cuando el financiamiento de la investigación se desvincula de la sobrevivencia de las universidades? ¿Son equivalentes ambas precarizaciones? Y una última pregunta, seguro que motivada más por la ignorancia que por otra cosa, pero ¿hasta qué punto la existencia de Conicyt no limita seriamente la cacareada autonomía de las universidades? Lo lógico sería, especialmente si de verdad existiera en el país una red pública de universidades, que cada institución contara con los fondos necesarios y pertinentes para asegurar su autonomía en todas sus áreas academicas: docencia, vinculación con el medio y también investigación. Y si existiera un proyecto de país que asegurara el desarrollo productivo coherente con las distintas manifestaciones de la vida nacional, que cada ministerio (educación, salud, agricultura, minería) definiera sus políticas públicas con investigación universitaria generada (y por lo tanto, asegurada) en sus propias universidades.

Este lienzo no es chileno, es colombiano. Es decir, el problema de desvinculamiento entre ciencia y docencia, entre ciencia y universidad, no es solo nacional.

Este lienzo no es chileno, es colombiano. Es decir, el problema de desvinculamiento entre ciencia y docencia, entre ciencia y universidad, no es solo nacional. Es un modelo hegemónico que se intenta instalar en nuestras instituciones latinoamericanas.

 

VI

Lo cierto es que la lógica actual consiste en una extraña burocratización del financiamiento en investigación desligado caprichosamente del fortalecimiento al sistema completo de educación superior del país, en especial de sus instituciones propias, con un control del conocimiento generado que solo favorece el mercado transnacional de las publicaciones académicas y, dentro de las universidades, con centros de investigación de “alto nivel” cada vez más desconectados del contexto social en que se insertan. Eso abre la puerte, irremediablemente, a que intereses ajenos al bien público determine qué se investiga y cómo se investiga. Los claustros universitarios, acaso triestamentales en un par de instituciones, cada vez tienen menos que decir y menos poder de acción en relación a sus lineamientos de investigación, no hay una discusión pública sobre qué se investiga y para qué y, por supuesto, las sociedades civiles de cada región no tienen ninguna chance para incidir ni en lo más mínimo en el rumbo que toman las cosas. Un grupo de iluminados toma las decisiones y en los hechos buscan favorecer más bien la iniciativa privada, la privatización de los recursos y el lucro, ya completamente desmedido, de las familias que ostentan el poder económico y cívico del país.

Todo, en nombre del “progreso” y “del desarrollo”. Sin embargo, tiendo a pensar que en nuestros países no deberíamos entender “desarrollo” de la misma manera que los países que se supone dictan cátedra al respecto. Para nosotros, “desarrollo” no puede significar lo mismo que para ellos. La realidad latinoamericana debe hacernos generar caminos propios y expectativas pertinentes para nuestras culturas, no una falsa asimilación con modelos basados en una historia de centralismo, colonialismo y explotación. Al final del día, ese círculo de países desarrollados necesitan países pobres, de economías extractivas precarizadas como la nuestra, para sustentar sus propios sistemas… ¿Por qué nos debería interesar que nuestros proyectos de desarrollo pasen por sentarnos en su mesa?

“La ciencia” en nuestros países debería apuntar a resolver los problemas sociales de equidad, convivencia, equilibro ecológico y valoración cultural propios de nuestros pueblos. Sin embargo, en las cartas al diario, en las renuncias de los directores de Conicyt, en los proyectos que se discuten en el congreso, no hay una discusión ni siquiera incipiente de qué tipos de ciencias necesita Chile y, por extensión, qué universidades. Para qué ciencias y para qué universidades. Son peleas por plata, por montos y por concursos, por mantener un statu quo y asegurar un espacio de poder autónomo, pero no por visiones y misiones. Por supuesto hay un problema de financiamiento, no cabe duda. Por supuesto hay un despelote en Fondecyt y una severa miopía e indiferencia por parte del Estado. Y por supuesto, las investigaciones académicas deben responder a los más estrictos estándares de calidad científica, según los parámetros de cada disciplina, nadie discute eso. Pero en la plaza pública, uno esperaría que las y los científicos tuvieran una postura clara, sin omisiones ni ambigüedades, en defensa de la educación pública y laica. En la plaza pública, uno esperaría que las y los científicos contextualizaran su demanda en un contexto de transformaciones nacionales, no fuera de ellas, y cómo esas demandas se insertan, problematizan, son parte del problema mayor: la falta de sentido público del sistema de educación superior chileno, en su centralismo, en sus lógicas de selección y de endeudamiento, en su financiamiento indiscriminado vía voucher de instituciones lucradoras, en sus inexistentes maneras de articularse con las demás plataformas productivas, culturales, democráticas del país. Que la discusión ética y ciudadana sobre el trabajo propio fuera permanente. Que discutieran ese discurso capitalista ya asumido, lleno de palabrotas como “economía del conocimiento”, “progreso”, “accountability” y un largo etcétera. No se discute qué se quiere decir cuando se dice que las buenas universidades son generadoras de elites (aunque sean intelectuales); no se discute cómo se conforman esas elites, qué aportan esas elites y a quiénes aportan. No se discute, en definitiva, cómo un sistema complejo de educación superior aporta a la creación de una sociedad, de una ciudadanía, más informada, solidaria y valórica. Muchos investigadores sí lo hacen, por supuesto, en sus claustros, en sus trabajos y en su actividad académica integral; pero quienes llevan la voz cantante pareciera que no. Evidentemente no es un problema solo de lucas más o avanzados centros de investigación menos.

El actual ciclo de reformas que se discute en el congreso no es una reforma educacional, sino más bien un gatopardismo administrativo y financiero. Los científicos quieren que su discusión vaya por otro carril, el carril inmaculado de “la ciencia”. Pero es en el corazón de la reforma de educación que este país requiere que esa discusión se inserte. Y que la discusión sea sincera, profunda y descarnada dentro de los claustros en conjunto con la sociedad civil. Solo así, las y los científicos se visualizarán como deudores del país, y no como entes privilegiados e inmaculados, y la actividad científica generará conocimiento, herramientas y alternativas para el bien común de toda la ciudadanía, en un contexto integrado de investigación, docencia y vinculación con el medio. Solo así, la educación superior y la generación de conocimiento tendrían sentido y razón. Una utopía, sin duda, en el modelo actual.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

MI TWITTER

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

TODOS MIS BLOGS

YO

#hayquepuroir

Publicado desde el 01 de abril de 2016

WEÓN WEY

dos chilenos en México... escrito a partir del 15 de agosto de 2014 desde el Consulado OcoMapochino en el DF

EN LAS CALLES NOS ENCONTRAMOS

Una recopilación de afiches, rallados, pancartas, lienzos, stencils, convocatorias y mensajes callejeros en general (culturales, políticos, sociales, ecológicos, educacionales, futbolísticos) del Chile de los últimos años. Las imágenes en las que no se señala fuente son propias. Blog publicado desde el 14 de abril de 2015.

AFICHES DE CARRETES, MAMBOS Y TOCATAS

Publicado desde el 30 de enero de 2011, con una colección de afiches desde 2005

DIÁLOGOS SOBRE LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

citas de textos sobre lenguaje y comunicación

SANTIAGO TE CONOZCO

Publicado desde el 05 de agosto de 2007.

Ocoa existe

Ocoa existe

OIDORES de una PANAMERICANA SONORA

Publicado desde el 15 de noviembre de 2008.

CARTELES MEXICANOS

carteles de eventos, tocadas, bailes, marchas, tokines y protestas, callejeros y virtuales, que me voy encontrando por ahí, publicados desde el 26 de agosto de 2014

CONVERSACIÓN EN EL CONSULADO

"Al final de este viaje en la vida quedará / nuestro rastro invitando a vivir / por lo menos por eso es que estoy aquí". Publicado desde el 31 de agosto de 2011.

LAS CUMBIAS EN CHILE

escritos ensayísticos con esbozos, apuntes, borradores, puntos de vista, paradas teóricas, comentarios y rodeos personales en torno a las cumbias en Chile. Publicado desde el 01 de marzo de 2011.

LENGUAJISTA

Publicado desde el 31 de agosto de 2007.

A %d blogueros les gusta esto: